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Por si la luna nos recuerda que la vida es un río, o una nube: siempre fugaz, pero siempre constante

lunes, 10 de febrero de 2014



Por Óscar Escoffié Padilla
  
Mi primera impresión acerca de Por si la luna… de Flora Isela Chacón es que se trata de un libro con gran consistencia. Se trata de un libro dividido en dos secciones. La primera y más vasta está dedicada a minificciones; y la segunda, titulada por la autora como “Otros asuntos”, a la poesía. Sin embargo, a pesar de que el libro posee estos dos géneros literarios en un solo volumen y bajo un mismo título, se trata, insisto, de un libro con gran consistencia. El estilo es uniforme, lo que habla de una escritora avezada, que ha alcanzado su propia voz.

Pero antes de seguir hablando de las virtudes en el estilo de Por si la luna… debo dedicar dos palabras a la edición del libro que hoy nos ocupa: Es un compendio limpio ortográficamente y gramaticalmente; sin embargo, desde el punto de vista de la edición merecería, por una parte, un buen prólogo. El libro posee un texto a modo de prólogo, pero es sólo una introducción bienintencionada. Por otra parte, sobre todo tratándose de un trabajo literario, se descuidó la tipografía en los títulos de los textos, que peca de esa melaza que evoca el clisé de la poesía pergamino de papelería. Hay un mal uso de las sangrías y, por si fuera poco las cornisas son más grandes de lo debido, rayando en lo grotesco, y demasiado cercanas a los textos de la obra, lo que las convierte en un estorbo visual…

Pero más allá de esas anomalías de las que son culpables los editores y no Flora Isela, Por si la luna… me ha dejado un grato sabor de boca.

Este libro es testimonio de alguien que asume su amor por la palabra, y se acurruca en ella para sumergirse en un mar de sueños y de recuerdos.

Experta en la creación de minificciones, Flora Isela Chacón nos da una buena lección de lo que exige esa difícil modalidad literaria. Según la escritora Mónica Lavín, las minificciones son el mejor ejemplo de eso que llamamos “inspiración”, y que en otros géneros literarios no sucede sino sólo bajo la provocación del trabajo y/o un trance poético e inducido. Pero una vez que esa “inspiración” sucede sin mayor evocación, dice Lavín, hay que llevar a cabo una labor que exige la precisión de un relojero. Las minificciones no permiten otras palabras que las exactas y nada más.

El libro que hoy comentamos cumple a cabalidad con ese requisito de precisión, y logra que en cada minificción haya algo así como pequeñas claraboyas a través de las cuales puede hacerse visible todo un océano de imaginación.

Aun sin conocer a la autora, me atrevería a decir que se trata de una mujer de sueños, de recuerdos, de miradas, una mujer desengañada, con inclinaciones melancólicas y con una enorme fantasía, fantasía que explota bien para la elaboración de cada una de estas cápsulas de ficción.

Los problemas sobre los que versa Por si la luna… son los cotidianos y comunes a todos los amorosos, para los que no importa el dolor del desamor, ni la tristeza por lo perdido; esta clase de almas siempre estarán ahí para el nuevo o el viejo amante, para reencender las cenizas, o para apagarlas aunque jamás para siempre. Su apuesta es de sangre a sangre y en ello radica su nobleza: en su entrega plena a la vida, y en el caso de Flora Isela Chacón, a las letras.
Con sencillez -que no con simpleza- la escritora Chacón nos ofrece una obra clara, de pronto con toques de humor, sin poses, sin arrebatos lingüísticos y sin barroquismos. Y hay que destacar que en este libro no falta el compromiso de la autora por problemas fundamentales de la sociedad toda, pero en particular la chihuahuense (a la que pertenece la escritora) que, como todos sabemos, se ha convertido, ya no tan recientemente, en una herida nacional resultado de la violencia.

Por si la luna… libro de fantasmas némicos, de soledades y compañías efímeras, nos recuerda que la vida es un río, o una nube: siempre fugaz, pero siempre constante.

(EDO. DE MÉX, 17 DE AGOSTO, 2012) 

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