miércoles, 30 de julio de 2008

Despedida


Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.


Alejandro Aura
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jueves, 3 de julio de 2008

El amor destruye lo que inventa


Un golpe de tiempo sobre el mármol no abolirá nada, mallarmé; un gran golpe de dedos del mago Mandrake y entonces habrá de borrarse el tiempo, y el nombre, y también el mármol. No hay un solo antídoto contra la muerte, contra el olvido, contra la soledad, contra la cerrazón inexorable del paréntesis. Es inevitable que el sol seque nuestra agua,
que la muerte nos apure,
nos separe,
nos depare,
nos depure,
una piedra derruida, una necia lápida
una terca y turbia soledad.


El amor destruye lo que inventa
José Luis Domínguez
México, 2008
UAEM. Pág. 50

martes, 24 de junio de 2008

Soy... en compañía. Dueto



Rogelio Coto Alfaro
Costa Rica

Soy el viento
que bordea tu espalda
acaricia tu cintura y
rodea tu torso.
Soy el viento
en el que se deslizan
historias pequeñas
que te frotan las orejas.

Soy el viento
que lleva y trae,
calma y apacigua;
y sobretodo
encuentra respuestas
en el sudor enamorado
que se vuelve rocío
cada vez que humedeces
mi mundo...


Flora Isela Chacón
México

Soy la piel despierta, atenta
a tu tacto y a tu visita cada noche
cuando envuelves mi espalda
apenas con un roce tibio…

Soy el laberinto
donde se resbalan tus historias,
enroscándose en el caracol profundo del silencio…

Soy el nido donde tu camino termina,
donde tus preguntas se vuelven susurros
y nuestros mundos se hacen una sola humedad…


viernes, 20 de junio de 2008

Espejo de fuego


Sueño con volar
mas no en el dorso de un ave
que danza en sus alas
tampoco quiero subir en el viento
como hoja rehén de un remolino
ni siquiera me basta
navegar en la espalda de la misma luz.

Quiero volar
más allá del espacio
donde el tiempo no existe
donde en un suspiro
cabe todo el silencio.

Espejo de fuego
Lilly Blake
Instituto Chihuahuense de la Cultura
Chihuahua, México, 2008

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miércoles, 18 de junio de 2008

Amores de pocos minutos III


El amor cuando llega te encuentra desvalido, pero dispuesto y te envuelve en una cuenta que te estremece de pies a cabeza y te hace volar: uno, la miras; dos, la besas; tres, todo es luz; cuatro, lo demás no importa; cinco, se acomodan el uno sobre el otro; seis, la vuelves a besar; siete, los pájaros cantan y te vuelves cursi; ocho: ¡¡MAAAAAAAAMBO!!!! Y entonces comienzas a bailar en una danza erótica y sublime que te da la sensación de que jamás volverás a perder la cuenta...
Pero cuando el amor se termina, te golpea y te derriba sin defensa alguna; y sin cuenta de protección, te destroza el alma y todo lo que ahí se encuentre.
El corazón, vulnerable ahora, también participa en ese nocaut. Recibes el golpe y caes lentamente: uno, cierras los ojos; dos, su imagen se vuelve borrosa; tres, sonríes sonámbulo; cuatro, no sientes las manos; cinco, sólo los pies correr; seis, empiezas a pensar; siete, levantas la cabeza; ocho, la ves tal como es; nueve, te asusta lo que ves; diez, has despertado y el amor ya se fue.

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