domingo, 7 de febrero de 2016

No fuiste tú, fui yo



No eres tú, sí soy yo. No fuiste tú, fui yo, yo te dejé entrar en esa oscuridad, yo te prendí la luz, yo te besé, te abracé, te toqué una y otra vez la cara para basar bien los castillos al aire. No fuiste tú, tú no te asomaste, tú no dijiste mi nombre, no deseaste quedarte ahí, tú no me besaste, fui yo.






domingo, 23 de agosto de 2015

Cosas que pasan



Y a veces los besos también se embriagan, besos borrachos de luna llena o de cuarto de hotel nada barato, besos que queman hasta la garganta y más adentro, besos llenos de apuro o desmemoria, de reencuentro o descubrimiento, de deseos o de lamentos… Besos que se disfrutan, se recrean, se rememoran y a veces también, como esas cosas que pasan, se dejan atrás en la cruda…







jueves, 26 de febrero de 2015

Un cliente cualquiera



Era un cliente casi como cualquiera, él también iba a tomar café por las tardes a la cafetería, él también tenía algo de soledad y tiempo de sobra, pero él, como otros no, de vez en cuando iba a verme a mí, cajera de supermercado. 

Eran los años de Alsúper, de Sergio González y su amor de "hermanos" con regalos, rosas y suspiros de por medio; de no pensar, igual que ahora, en un futuro más allá de la hora de salida, de preocuparse de todo menos del tiempo y el porvenir.

Alfredo, el cliente, mi cliente me dijo una vez, tenía otra idea del tiempo, viudo y padre solo, trabajador y cocinero, serio y con el mismo calzado que mi papá, esperaba no terminar solo la vida, a mí, como siempre, eso no me impactó. 

La última vez que lo vi, hace quince años, antes de que cerraran esa cafetería, se plantó ante mí y me dijo de la nada "un día voy a casarme con usted, ahora no por su bebé", y yo que no le había dicho aún a nadie de mi embarazo, me quedé helada, quizá por eso intercambié celulares con él. 

De vez en cuando me llamaba para decirme que, no sé por qué, me quería mucho, hasta que perdí el número del celular cuando se acabó el plan y no lo renové. Quise llamarle algunas veces, pero el no saber qué decirle me enmudeció. 

En silencio me decía que si era el destino verle de nuevo, ahí estaría, a la mano, a mi alcance, en una mesa de Galerías, su nuevo punto de reunión, donde todas las tardes se encuentran los señores llenos de tiempo libre y recuerdos, para tomar café o leer el periódico, o aparecerse de pronto por el departamento de discos, curiosamente buscando el mismo artista que uno, luego de 15 años, de arrugas y kilos, del mismo miedo de toparse con un tipo tan decidido y quedar en silencio, aunque con la convicción de que si antes quería casarse con una veinteañera, ahora seguramente querría hacer lo mismo...




miércoles, 26 de marzo de 2014

Esos nueve días...



-Aquí traigo todas tus cosas.
-Mi toalla de los Simpson…
A veces se dicen muchas pendejadas, pero pocas veces se puede culpar a la epidural. De antemano sabía que este 14 de febrero sería diferente. Llegué, ahora sí, puntual a la cita, muy valiente yo sola, muy obediente sin celular, muy afortunada con apenas siete pesos en la bolsa, que me permitieron hablarle a mi papá para que regresara a entregarme y recoger mi ropa. Con lo inesperado, seguro olvidó que le dijeron que ahí mismo debía permanecer al día siguiente desde las dos de la tarde, cuando daría inicio la cirugía, mi tercera cirugía, y no dar vueltas y vueltas de un módulo a otro, preguntando por mí sin encontrarme, y sin dejarse ser encontrado cuando con emergencia, preguntaban por un familiar. Gracias a dios Lily, quien me dijo que me buscaría tras la cirugía, estaba ahí y fue ella la que firmó cuando así fue requerido.

lunes, 10 de febrero de 2014

"Por si la luna", un fractal de voces desdobladas



Por Zindy Rodríguez

Entre la narrativa breve y la minificción existe un umbral invisible. Este umbral lo cruza quien desde un estado exacerbado de conciencia se desdobla y multiplica para ser el poseedor de voces diversas, porque esa es la magia del relato: los sentidos se expanden y por ello somos lectores abiertos a la voz del escritor que será nuestros sentidos, nuestra voz en su conciencia. El escritor surge de una tierra ignota porque pertenece al mundo de la escritura, y desde ese mundo acepta su deber: ser creador de vida, instantánea, fortuita o eterna.

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