sábado, 20 de septiembre de 2008

Valparaíso de noche

Marcelo Arancibia

Cunado la noche se apodera del puerto, aparecen ellos de a dos, de a tres; todos caminando lentos, balanceándose, como tratando acostumbrarse a la quietud de la tierra, tan distinta al eterno movimiento de sus hogares flotantes. De vez en cuando un pequeño resplandor ilumina sus rostros curtidos, curiosos: es un cigarrillo que se mece entre sus dedos (…) Es un deseo que nace en lo más profundo de las entrañas y que, de pronto, desde ahí se abre paso con fuerza incontrolable a través de sus cuerpos, de su sangre, de su todo: ver, oír, oler. Hablar con una mujer. Observar cómo se mueven, sus ojos, sus labios mientras conversa. Cómo se agitan, temblorosos y sugerentes, sus senos mientras baila frente a ellos y les arrulla y les envuelve y les embruja con mirada profunda, cálida y llena de promesas de escondidos y dulces placeres.

Valparaíso Alire. Antología poética
Chile, 2006
La Cálifa. Pág. 17

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Segunda oportunidad


Carlos se quedó pensando lo que había sucedido la noche anterior, porque se perdió en aquel laberinto de piel blanca y húmeda, el por qué de lo sucedido después de una larga espera, después de meses de soñar y de imaginar el mar del cuerpo desnudo de Norma. La espera no hizo más larga, la tarde no había sido mojada por las últimas lluvias de septiembre, él la tenía tan cerca, que no pudo contener el contacto con sus labios, un beso largo y profundo y varios más. Carlos ahora saboreaba los labios de Norma, la estrechaba en sus brazos. Así pasaron parte de la tarde, entre besos, palabras y risas. Norma tuvo que partir hacia un compromiso de su trabajo, quedaron en verse más noche. En la oscuridad de la noche, cuando se encontraron, no había otro lugar que ir, pensó Carlos, más que a un hotel, Norma un poco inquieta no rehusó la oferta, y los dos se encaminaron hacia el lugar privado. Aunque trataron de relajarse, Carlos y Norma fueron presa del deseo, se devoraron a besos en aquella cama, poco a poco fueron quitándose la ropa, el reconocimiento de aquellos cuerpos desnudos no se hizo esperar, Carlos buscó los senos, los chupó, los saboreó como una copa de vino. Todo iba muy bien hasta que buscaron la unión final, se preparó Carlos, pero algo en esos momentos había pasado, algo se había ido y no llegaría en toda la noche, se perdió, se fue el deseo. Algo había pasado, el destino jugaba su carta más poderosa. Un muro entre Carlos y Norma, y al final nada había sucedido. Un mal sabor quedó entre los dos, todo quedó escrito para el futuro, si algo tenía este amor era esperar a que tal vez les llegara una segunda oportunidad de amarse.


Clemente Alvarado Franco
Ciudad de México
17 septiembre 2008

Santuario


Ahora que imaginas ser el fuego hostil de los conquistadores
santuario en qué dirección vuelan las aves cuando a la lluvia se le olvida descender el cielo?
Qué rumbo tomaron el correcaminos y el cenzontle? hacia dónde el colibrí giró su vuelo?
santuario largo sendero entre las dunas
un poco de aguanieve cae sobre tus alas
tu rostro es el tatuaje de una historia
la huella digital de las espinas corona
mancha de sangre
crónica dictada por tus manos si a diario hay redención
por qué las aves se hieren los ojos con la espina más aguda?

Santuarios desierto mar
Juan Armando Rojas
Instituto Chihuahuense de la Cultura
Chihuahua, México, 2004
Pág. 19

jueves, 11 de septiembre de 2008

La melancolía es destino


La melancolía es destino
diciéndonos lo que no somos
un huerto tejido de sombras,
la cicatriz de la tarde,
el rostro que lucha por saber quién fue.

En el portal
los pájaros recuerdan
el viaje
-y sin embargo-
temo perder lo que de ti queda cuando te vas.

Todo antes de la noche
Jeannette Clariond
México, 2003
Pre-textos. Pág. 42

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Acuérdate...


Ahí estaban. Por fin. Sus labios se conocieron, sus manos se encontraron y los corazones ahora latían desaforadamente juntos. Se fundieron finalmente las bocas en un mismo suspiro, mientras a los lejos se escuchaba en un fino saxofón el "acuérdate de Acapulco, María bonita, María del alma", que a ella nunca le gustó, pero que escucharlo ahora mientras probaba aquella boca tantas veces imaginada, fue redescubrirlo en un tono diferente, como si nunca hubiera sido inventado sino hasta ese momento y justo para que ella se acordara de él en otro tiempo, y justo ahí en esa banca cerca de La Condesa, donde juntos se dieron cuenta de que hacía algunas horas habían dejado de soñar.
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