De vez en cuando la alegría
tira piedritas en mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero hoy me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en su escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas.
quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos
está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para callar la boca
está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana
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Cotidianas
Mario Benedetti
Suma de letras, México 2002
Pág. 17
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martes, 23 de septiembre de 2008
lunes, 22 de septiembre de 2008
A tu interior, Linda
Aún lates bajo la piel de tu madre y ya has emergido al exterior como en un sueño. Nada importa el pasado ante lo contundente de tu presente y lo esperanzador de tu futuro, pequeño ángel que has de llegar en el momento justo, no antes ni después; en el momento exacto con tus ojos pequeños y serenos, escudriñando todo alrededor. Siendo tú para que ellos sean ellos, para que no dejen de ser. Aún late tu corazón en un concierto amorosamente íntimo, casi secreto. Festejando la gloria de ser niño o niña, es igual, sonriendo a la luz, al sol, a la vida futura. Sintiéndote latir con esa fuerza ahora volcánica, ahí estás, ahí vives, ahí lates. Con toda la fuerza de tus semanas incompletas, con toda la ternura que tu nombre habrá de definir.
Desde ya eres fuerte, tu magia ya nada ni nadie la podrá borrar. Así son los bebés esperados, los que tiemblan en su noche infinita, saludando a su manera ese vientre vestido de colores. Así son los pequeños seres que aún no nacen, llenos de fuerza y prodigio. Ellos están donde deben estar mientras esperan el momento justo de irrumpir a la vida cambiándolo todo en un solo momento, haciendo feliz a tu madre, tu padre y tu pequeño hermano que te espera sonriente para jugar contigo, para ser el hermano mayor y llenarte de mimos. Mientras aquí, aquí te esperamos pequeño ser, que ya desde ahora lates feliz, y que mañana también surgirá tu sonrisa como una mariposa de luz.
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sábado, 20 de septiembre de 2008
Valparaíso de noche
Marcelo Arancibia
Cunado la noche se apodera del puerto, aparecen ellos de a dos, de a tres; todos caminando lentos, balanceándose, como tratando acostumbrarse a la quietud de la tierra, tan distinta al eterno movimiento de sus hogares flotantes. De vez en cuando un pequeño resplandor ilumina sus rostros curtidos, curiosos: es un cigarrillo que se mece entre sus dedos (…) Es un deseo que nace en lo más profundo de las entrañas y que, de pronto, desde ahí se abre paso con fuerza incontrolable a través de sus cuerpos, de su sangre, de su todo: ver, oír, oler. Hablar con una mujer. Observar cómo se mueven, sus ojos, sus labios mientras conversa. Cómo se agitan, temblorosos y sugerentes, sus senos mientras baila frente a ellos y les arrulla y les envuelve y les embruja con mirada profunda, cálida y llena de promesas de escondidos y dulces placeres.
Valparaíso Alire. Antología poética
Chile, 2006
La Cálifa. Pág. 17
Cunado la noche se apodera del puerto, aparecen ellos de a dos, de a tres; todos caminando lentos, balanceándose, como tratando acostumbrarse a la quietud de la tierra, tan distinta al eterno movimiento de sus hogares flotantes. De vez en cuando un pequeño resplandor ilumina sus rostros curtidos, curiosos: es un cigarrillo que se mece entre sus dedos (…) Es un deseo que nace en lo más profundo de las entrañas y que, de pronto, desde ahí se abre paso con fuerza incontrolable a través de sus cuerpos, de su sangre, de su todo: ver, oír, oler. Hablar con una mujer. Observar cómo se mueven, sus ojos, sus labios mientras conversa. Cómo se agitan, temblorosos y sugerentes, sus senos mientras baila frente a ellos y les arrulla y les envuelve y les embruja con mirada profunda, cálida y llena de promesas de escondidos y dulces placeres.
Valparaíso Alire. Antología poética
Chile, 2006
La Cálifa. Pág. 17
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Segunda oportunidad
Carlos se quedó pensando lo que había sucedido la noche anterior, porque se perdió en aquel laberinto de piel blanca y húmeda, el por qué de lo sucedido después de una larga espera, después de meses de soñar y de imaginar el mar del cuerpo desnudo de Norma. La espera no hizo más larga, la tarde no había sido mojada por las últimas lluvias de septiembre, él la tenía tan cerca, que no pudo contener el contacto con sus labios, un beso largo y profundo y varios más. Carlos ahora saboreaba los labios de Norma, la estrechaba en sus brazos. Así pasaron parte de la tarde, entre besos, palabras y risas. Norma tuvo que partir hacia un compromiso de su trabajo, quedaron en verse más noche. En la oscuridad de la noche, cuando se encontraron, no había otro lugar que ir, pensó Carlos, más que a un hotel, Norma un poco inquieta no rehusó la oferta, y los dos se encaminaron hacia el lugar privado. Aunque trataron de relajarse, Carlos y Norma fueron presa del deseo, se devoraron a besos en aquella cama, poco a poco fueron quitándose la ropa, el reconocimiento de aquellos cuerpos desnudos no se hizo esperar, Carlos buscó los senos, los chupó, los saboreó como una copa de vino. Todo iba muy bien hasta que buscaron la unión final, se preparó Carlos, pero algo en esos momentos había pasado, algo se había ido y no llegaría en toda la noche, se perdió, se fue el deseo. Algo había pasado, el destino jugaba su carta más poderosa. Un muro entre Carlos y Norma, y al final nada había sucedido. Un mal sabor quedó entre los dos, todo quedó escrito para el futuro, si algo tenía este amor era esperar a que tal vez les llegara una segunda oportunidad de amarse.
Clemente Alvarado Franco
Ciudad de México
17 septiembre 2008
Santuario
Ahora que imaginas ser el fuego hostil de los conquistadores
santuario en qué dirección vuelan las aves cuando a la lluvia se le olvida descender el cielo?
Qué rumbo tomaron el correcaminos y el cenzontle? hacia dónde el colibrí giró su vuelo?
santuario largo sendero entre las dunas
un poco de aguanieve cae sobre tus alas
tu rostro es el tatuaje de una historia
la huella digital de las espinas corona
mancha de sangre
crónica dictada por tus manos si a diario hay redención
por qué las aves se hieren los ojos con la espina más aguda?
Santuarios desierto mar
Juan Armando Rojas
Instituto Chihuahuense de la Cultura
Chihuahua, México, 2004
Pág. 19
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