jueves, 4 de febrero de 2010

Esta vez también hicimos el amor en Buenos Aires


Esta vez, también hicimos el amor en Buenos Aires.

Con sencillez clásica la besé en la boca con ternura.

Dejé caer mis manos en la calle abierta de sus nalgas

y ella tembló, dispuesta al goce claro, diáfano de amor.

A la calle, a la calle, gritaba ella cuando nos besábamos.

A la calle, a la calle, le respondía yo, tratando de arrancar,

de sus tetas enamoradas, sonidos como de magnolias antiguas,

abriéndose, salvajes, de un día para otro, al universo.

A la calle, a la calle, se dejaba filtrar por la ventana

y eran miles y miles, haciendo con nosotros el amor

y su cara era la rosa de los vientos, el aljibe del tiempo.

Basado en mi costumbre de interrumpir el goce, para multiplicarlo,

detuve todo el cuerpo en mi sonrisa iluminada y en plena calle,

entregados totalmente, sumisos, a la Patria, hicimos el amor.

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Miguel Oscar Menassa

miércoles, 3 de febrero de 2010

Dos patrias

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.

¿O son una las dos? No bien retira

Su majestad el sol, con largos velos

Y un clavel en la mano, silenciosa

Cuba cual viuda triste me aparece.

¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento

Que en la mano le tiembla! Está vacío

Mi pecho, destrozado está y vacío

En donde estaba el corazón. Ya es hora

De empezar a morir. La noche es buena

Para decir adiós. La luz estorba

Y la palabra humana. El universo

Habla mejor que el hombre.

Cual bandera

Que invita a batallar, la llama roja

De la vela flamea. Las ventanas

Abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo

Las hojas del clavel, como una nube

Que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa...

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José Martí

martes, 2 de febrero de 2010

El maestro de kung fu


Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea

madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.

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José Watanabe


lunes, 1 de febrero de 2010

Palimpsesto


Te devuelvo el apócrifo vinillo
Griego como ese mar que tengo enfrente;
La sardina enlutada, grave el diente,
Enrojecido el áspero cuchillo.

Jubiloso el rumor del que trabaja
En silencio, resigno la ironía
Populosa en la torpe melodía,
La máscara te cubre la mortaja.

Podrás amontonar la enciclopedia
Vasta y superflua de quien lleva prisa
De eternidad para su demopedia.

Levanta a la soberbia un monumento
De sacro horror..(la mueca y la sonrisa)
Tú, el pendenciero vástago del cuento.

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Raúl Luis Castillo

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Nocturna

Y vuelve a reinar ahora
aquella quietud serena.
Esparce la luna llena
su luz clara y soñadora,
hasta que nace la aurora
y pinta el cielo de grana,
y hermosea y engalana,
y el pájaro trina a coro,
y el sol bordado de oro,
viene a anunciar la mañana.

Miguel Hernández
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