lunes, 9 de febrero de 2009

Ernesto y su doble, triple, múltiple vida

Y venir a darse cuenta hasta ahora, ya cuando intentaba comulgar su historia solitaria con la posibilidad de un abrazo permanente, aun cuando él nada dijera. Ya cuando sentía ese temblor por dentro, que sólo hace sentir alguien de quien uno se está enamorando. Ya cuando, precisamente, pensaba en no volver a verlo, pero para no quedarse de nuevo sin él, para no sentirse miserable por no poder tenerlo, por saber que amarlo no era una buena idea.
Se lo había preguntado una vez y él lo negó, como si pudieran negarse las miradas, el amor o la calentura. Como si la duda pudiera ser eterna. Lo sabía ajeno, claro que sí, pero esperaba, por lo menos, ser la única "otra" y no formar parte de un harem o ¿qué chingados era aquello? Cómo explicárselo cuando la imagen de buen señor cariñoso y casi ¿enamorado?, no concordaba con aquella realidad que ahora le caía como balde de agua fría. "Somos muchas" le habían dicho, ¿cómo que muchas? ¿Cuántas? ¿En cuántas se dividió su soledad de hombre supuestamente "abandonado" en los deberes conyugales? ¿Cuántas veces dijo "linda", "me encantas", "te quiero mucho"? ¿Cuántas al mismo tiempo? Las que fueran, en nada cambiaba ya. Pero no dejaba de ser difícil venir a darse cuenta hasta ahora, de cuánto tiempo había jugado un papel doblemente equivocado.
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domingo, 8 de febrero de 2009

Siempre

He vivido casi toda mi vida lejos de mis cielos.
Pero mis pies están marcados en los códices,
en la voz profunda de mi pueblo.
Camino sobre el mar y las nubes que me traje:
son mi tierra firme.
¿Quién me la puede quitar?
Cuando digo que estoy solo
es porque no estoy en la plaza pública
sino en cada uno de vosotros,
como en los granos la granada.
Podríais enterrarme en la voz de cualquier niño
si tiene los pies descalzos y ha visto los volcanes.
Mis ojos siempre se abren sobre la luz primera,
y al cerrarlos, sobre mí cae siempre
la sombra de mi infancia.
¿Y todo lo que he vivido,
me pregunto, toda el agua escurrida entre mis dedos,
todo lo bailado, no es un sueño?
No he tenido tiempo para soñar, amigos.
Apenas si he tenido para no morirme.
No puedo descifrar el símbolo
porque el símbolo no es un lenguaje.
Estoy tan cerca que no me veis
en las cenizas de los muertos
y en las manos de los niños futuros.
Tercamente guatemalteco,
no necesito recordar, me basta con palparme.
El sueño no tiene vocales,
pero tiene llamaradas y tambores mudos,
y las mismas fogatas
arden en las mismas cumbres.
...Si tiene los pies descalzos
y ha visto los volcanes.
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Luis Cardoza y Aragón
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miércoles, 4 de febrero de 2009

Palabras de allá

Salí y me entretuve afuera durando días y días; noches sin noche ni día envuelto en un manto arable hecho de todas las estaciones contra la inclemencia de la intimidad. El muro en que me apoyé, teñido de los matices de todos los musgos del tiempo, era sin color y era el espesor y el peso del tiempo. Un intenso enjambre de oro estallaba dispersándose en el aire claro y volvía a ser el centelleo palpitante de oro de sus ondas irradiadas. Lo que tocaban los ojos, disuelto por la mirada se tornaba invisible; y la mirada corría con el alborozo del ímpetu liberado; pero danzaba, no huía, regresaba a danzar, abrazaba en la dicha lo visible que en su transparencia no se ocultaba, se daba a ver pero abierto y desnudo a los ojos solos del abrazo. Recogí del polvo unas palabras secas (no eran éstas, ni eran otras que éstas) y les dije que sí.
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Tomás Segovia

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domingo, 25 de enero de 2009

Vino con la lluvia


De noche llegó con un libro y una botella de vino, de la que ya se había tomado dos copas. "Para no sentir tantos nervios" había pensado mientras apuraba el trago, poco antes de la cita, poco antes de verla por primera vez. El abrazo largo, como aspirando la esencia del otro, les dio la seguridad que aunque no se habían visto antes, se conocían de toda la vida, o de por lo menos un tiempo atrás, cuando se encontraron sin querer y sin creer en un espacio virtual, maravillado uno, agradecida la otra. Sentarse juntos no lo habìan pensado, pero ahí estaban en esa noche de abril. 25 de abril, fecha mágica, pensó ella, un 25 de abril nevó en Chihuahua, un 25 de abril llueve aquí, qué cursi, pensó otra vez. Él, nervioso, no dejaba de mirarla y se dio cuenta que su mirada era la llave de la habitación, cuanto más la mirara en esa forma casi irrespetuosa, más de prisa y con más placer se abriría su puerta. Y entonces sucedió, del abrazo pasaron a la confidencia, a la cercanía, a las palabras en el oído, a descarar el deseo hasta en las letras del autográfo, en las miradas de los dos, en los dedos ansiosos que imaginaban rutas secretas. Subieron de la mano, apretados, conteniendo las ganas de besarse ahí mismo en el lobby, frente al gerente, el botones, quien estuviera. Eran las dos, pero para ellos era apenas el comienzo. La madrugada en Naucalpan se dejaba sentir con una ligera lluvia que los acompañó hasta el 402. Ahí se despojaron de la ropa y el miedo, los nervios y todo lo demás. Y fueron uno gracias al otro, oyendo la lluvia y sintiéndola por dentro, cerrando espacios para crecer en aras del otro, en recuerdo de las primeras palabras, en espera de las siguientes, en confianza de quienes todo lo esperan, pero no piden nada. Los cabellos de ella le arroparon el pecho y sus manos caminaron sedientas por todo su cuerpo, como lo había soñado tantas noches. Por fin estaban ahì, cerca, unidos, con el corazón a mil, y aprovechando cada minuto para conocer esa piel que sólo en sueños sabían, para grabarse cada uno la voz del otro pidiendo más, repitiendo su nombre en cada suspiro, en cada arañazo al cielo. La lluvia siguió toda la madrugada y los despertó abrazados, cada cual mojado en su propia felicidad, conscientes de que ahí empezaba una nueva historia para los dos.
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miércoles, 21 de enero de 2009

Tercera llamada


Fue como si un día, por casualidad o porque sí, los personajes se amoldaron en una sola escena, sin guion ni cortes, sin llamados ni exclusivas. Nadie los invitó a la obra, llegaron solos, como llegan las aves a la playa desierta, como atraviesa la luz el cielo nublado. No hubo ensayos ni un director que les dijera si hacían bien o si no importaba; sólo se quedaron esperando la tercera llamada, luego del segundo vistazo, en el primer intento por lograr de esa noche la mejor actuación. No fueron sino protagonistas de una historia inaudita donde sólo los seres similares y distintos se encuentran en medio de un mar de gente, entre la telaraña de una red que devora o libera sin explicación. No hubo premio sino la emoción de mirarse a los ojos tras la palabra escrita, pasar de temblar frente a un teclado a jugar nerviosamente con los dedos diciendo tanto. No es la historia interminable de un amor sin futuro, sino el comienzo cada vez, en cada nuevo libreto en el que cada uno se encontrará a sí mismo como un personaje distinto y lejano, pero cada vez más convencido de que un día volverán a encontrarse en la misma novela, por casualidad o porque sí.
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Chihuahua en video