martes, 23 de abril de 2019

Así es Chihuahua


Son la seis
Chihuahua despierta tras una noche agitada
Está ya listo para continuar
entre su inquietud y su confianza
entre todo lo que aún le define.

Chihuahua es un elote en la calle o un desayuno en Sanborns
es la feria del hueso y un desfile en Fashion Mall
es un amanecer y un retén
la maquila, la Liber, sus risas y sus olvidados.

Es historia y promesas, es recuentos y porvenir
y entre esas ironías
Chihuahua ya no sabe a cariño sino a desconsuelo
ya no huele a sotol sino a desconcierto
y también huele a tristeza como una vieja canción.

Con todo, Chihuahua vive, y no sólo como eslogan
vive en su gente y su tesón, su resistencia y su virtud
porque a pesar de todo Chihuahua es una ilusión
que palpita en cada uno de sus rincones.

Chihuahua es sus festivales y también Expogan
es cualquier plaza, el parque de Sahuaros y Santa Eulalia
las Barrancas, el mirador de la Once y San Juditas
es el Palacio y Majalca, la Cruz de clavos y el panteón…

Es un arcoíris en Cuauhtémoc
y una noche de luna en Matachí
una canción de amor en Guachochi
y la grandeza de la Sierra Tarahumara. 

Es la sonrisa tímida de una niña rarámuri
la entrega de una madre soltera
la inocencia que aún perdura en su niñez
y el trabajo arduo, y contra todo, de hombres y mujeres.

Chihuahua es también demanda 
sus manifestaciones
sus gritos de justicia y rebeldía
su anhelo de recuperar la paz y la tranquilidad.

Pero ante todo, Chihuahua es esperanza
porque su gente no ha dejado nunca
de ser noble, valiente y leal.
Son las diez, Chihuahua duerme
que tengan buenas noches.


lunes, 7 de enero de 2019

Ten miedo de mí



agosto del 2008
Esa noche mientras la llevaba a su casa, tarareé una canción que mucho venía al caso, que me hubiera gustado cantarle a ella mientras la oía hablar de sus dilemas existenciales, y que desde entonces aun cuando no la viera no dejaba de cantar "…y quiero ver qué es lo que sientes con respecto a  mí, ¿qué me dirías si aquí te pongo un beso y aburrido de eso te pongo otros mil? A ver, a ver, vamos a ver y dime seriamente si lo que se siente en mí se siente en ti."

Cómo me hubiera gustado saberlo o por lo menos imaginar que así era, que yo le provocaba a ella algo también y tal vez aparecía en sus relatos que escribía al llegar a casa. Cuánto hubiera querido en cada viaje ponerle un beso y aburrido como iba darle otros mil, otros dos mil, otros muchos, tantos como ella quisiera... tantos más como ella me dejara, aunque parecía tan lejana con esa mirada cálida, con esa manera de trenzar los dedos para no dejar escapar sus manos que, yo imaginaba, querían tocarme con cualquier pretexto.

La siguiente noche ya no me detuve tanto, pero sólo le insinué que de ser posible le haría el amor ahí mismo, y entonces sí le canté: "Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido, procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz, y que cuide de ti, para ti y tus vestidos, y a tus pensamientos mantenlos atentos..."

No tendría tanta importancia de no ser porque ella se sintió la más miedosa del mundo: "La importancia de verte morderte los labios de preocupación, es hoy tan necesaria como verte siempre, como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación, porque sabes, y si no lo sabes no importa…”

Bien sabía lo que entonces estaba sintiendo y lo que de verdad quería, y que sólo ella me inspiraba cada vez que llegaba a laborar, y todavía más cuando su turno terminaba y entonces yo la llevaba a su casa y cada vez más en el corazón: “…yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios, esos labios rojos y afilados y estos puños que tiemblan de rabia cuando estás contenta y que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti."

Y con ese miedo me confesó lo que debí haber sospechado, otro compañero de trabajo quería hacerla para él, quería llevársela y cantarle al oído, como a ella le gustaba, como me dijo esa noche: "Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto, se tenga cerrada, porque no vaya a ser yo el viento de la noche, y te mida y recorra la piel con mi aliento y hasta te acaricie y te deje dormir y me meta a tu pecho y me vuelva a salir y respires de mí…”                       

Qué ganas de volverme su respiración y quedarme dormido con ella, o tocarla con un poco de luz, o retrasar la llegada a su casa, extendiendo a más no poder el recorrido sólo para disfrutarla más, sólo para verla u oírla, o sentirla tan cerca: "O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos, y todo por no hacerme un poco de caso, ten miedo de mayo y ten miedo de mí."

Cómo hubiera querido tener el valor para decirle de frente, para lidiar con su decoro y soltarle de pronto la declaración: "Porque no vaya a ser que cansado de verte, me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas y te bese los pies y te llame mi diosa y no pueda mirarte de frente, y te diga llorando después: Por favor tenme miedo…” Pero no tuve valor y aún no sé ni por qué, si era tan fácil, ella lo hacía fácil transmitiendo esa paz, ese calor que sólo de ella creía capaz, no tuve el valor como si se tratara de un movimiento temerario y no de la conclusión lógica de un sentimiento que ya empezaba a salirse por las ventanas del automóvil, donde me quedé solo cantando.

Hubiera querido detenerlo en cualquier calle y preguntarle directo si lo que sentía era cierto, o si eran inventos de alguna parte de mi cuerpo, que rebelde provocaba en mi corazón latidos tan desaforados como altisonantes.

Y no quedarme con las ganas de estar con ella cuando al otro día renunció al trabajo y el mío perdió su interés porque ya no la llevaba a ella, ya no me importaba llegar temprano y tener limpio el auto para que ella se sintiera cómoda, para que la última frase de la canción no adquiriera esa fatalidad: “tiembla mucho de miedo, mujer, porque no puede ser..."

sábado, 10 de noviembre de 2018

Quien menos te imaginas



Ahora te envolverá el silencio. Maldecirás pensando que uno no se hace responsable de lo que siente. Creerás acaso que algo se quedó pendiente. Pero ni siquiera puedes estar seguro de que se trata de ti. Las sombras son iguales en cualquier desamor. Pudiste quedarte y comprobarlo. Eres quien menos imaginas.





viernes, 9 de noviembre de 2018

Moría de miedo



Te mentí. Moría de miedo. Sobre tus ojos se posaron las sombras. Y lo negué. Claro que me acordaba; especialmente de todo lo que no pasó después de que te fuiste. En la mesa de noche se quedó el poema que te escribí. El mejor lugar común donde pudiste quedarte.






miércoles, 27 de diciembre de 2017

Año Nuevo



¡Feliz año nuevo! Gritó en medio de la sala. Nadie le contestó. Afuera aún se escuchaban los cuetes y la cocina todavía olía a ponche. Se sentó en silencio a ver cómo su familia se abrazaba con escasa alegría y prendía una veladora nueva frente a su retrato.






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