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Poema 04

miércoles, 9 de enero de 2008

La tierra circular enseña que todo empieza incesantemente. El río que inicia en la montaña y termina entre las olas saladas. El agua levanta su alma y regresa en nieve a la montaña. Mi abuelo murió y nació mi padre. Mi padre murió y nacerá de mí alguien. Las estaciones y su molino de colores. Este poema ha sido escrito miles de veces. En el camino, a lo largo de los años, con el tiempo, al correr de los días, en el pajar de las horas, en el engranaje de segundos. Y basta subirse a un avión, alejar la tierra, observar las montañas diminutas, los autos insignificantes, las casas como juguetes y gente como piedras regadas. Y despegar después dentro de sí e imaginar ver la tierra desde el sol o un atardecer desde la luna. El tiempo y nuestra historia en un puño de espacio estelar. La tierra se arrastra en órbitas y cada vuelta de veinticuatro horas cuesta. Cuesta mover montañas y mares inmensos. Tierra es el nombre de este planeta de mar. Tierra que se mueve silenciosamente sin aceite y sin quejarse. Viajar cuerpo adentro. Alejarse espacio adentro. En nuestra propia circunferencia. En el radio de nuestro espacio. En un día de irrepetibles nublados.

Desierto Sol
Martín Camps
Instituto Chihuahuense de la Cultura
Chihuahua, México 2003
Pág. 106

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