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Si tú eres yo y yo soy tú

miércoles, 12 de septiembre de 2007


Cuando leo esto que escribo, pienso en tus ojos que lo leerán posteriormente un tanto inquietos, queriendo regresar el tiempo y llegar hasta aquí, para quitarme de esta silla, quitar mis manos del teclado que golpean paulatinamente, para arrancar mis ojos que voltean de vez en vez a la pantalla y tú observas cómo van naciendo las palabras torpemente.

Si tú eres yo y yo soy tú, cómo me gustaría que estuvieras aquí, y con tus manos fueras creando este cúmulo de sentimientos, cómo me encantaría que llegaras a tocar mi hombro y con un suave murmullo me hablaras, amor, déjame a mi. Yo saltaría de un sólo movimiento de la silla y te abrazaría fuertemente, cubriéndote con un extenso beso en tu boca.

Nos quedaríamos ahí parados varios minutos, dejando que el tiempo, que una vez nos doblegó, ahora se evaporase como la vida de una mariposa y nos dejara prendidos en la eternidad. Y lágrimas de nuestros ojos se mezclarían para deslizarse por nuestra piel hasta llegar a nuestros labios.

Si tú eres yo y yo soy tú, este discurso que intento elaborar sería como un río cristalino, por el que me atraparías fácilmente como un gran pez dorado en tus manos que son como redes, donde atrapas cada palabra que dan color y música a tus cuentos. Iría hasta tu encuentro y cuando el día te haya vapuleado terriblemente, estando ya dormitando, te leería tus historias que pescas en el río. Cuando leas esto podrás cambiar el camino de la historia ya que tú eres yo y yo soy tú.

Clemente Alvarado Franco
México D.F.,

El encuentro

miércoles, 25 de abril de 2007


Cómo comenzar esta historia, concentrémonos en el instante del encuentro, estando ahí instalados, observemos el pasado y recobremos el tiempo presente. 

Estamos los dos sentados, me miras inquieta, te miro maravillado, tu voz me acaricia tiernamente; lenta, poderosa, hilvanando tu discurso y tu pensamiento. Yo no acierto a las preguntas precisas para desnudar tu alma. Como dardos envenenados ninguno da al corazón.

Tus ojos de ciervo herido, se me dan nobles y apacibles. Como si fueras una figura de cera, una ola gigantesca de quietud te envuelve todo el cuerpo. No tardaste mucho en darte cuenta de mi timidez, de mi nerviosismo; desaprovecho los tiros por la mala puntería que llevo en ese momento. 

Ahora tú me tiendes la trampa, me cercas todas mis escapatorias posibles, me observas y actúas, despliegas un aro protector en ti, e intuyes que tu corazón está a salvo. El cazador ha sido la presa, me envuelves con una lluvia interminable de palabras, de tu voz interior sale una luz y se forma el arco iris de tu mundo mágico.

El tiempo destruye el momento eterno, nos va alejando entre los dos, nos miramos como extraños, que tratan de romper el hielo, de saberse existentes en un mismo mundo, en un mismo instante, en un mismo abrazo.


Pongámonos un instante en el pasado. Antes de este encuentro qué tenía de ti y tú qué tenías de mí… Todo y nada a la vez, sólo un puñado de palabras....


Se fue abriendo el horizonte, pregunta a pregunta se abría el camino, todo lo fuimos diciendo o casi todo, como viajando entre miles de estrellas fuimos explorando nuestros mundos; y fueron las que alumbraron el camino, las que siguen naciendo en el espacio para darle una luz maravillosa.

Ahora veamos el futuro, la espera interminable, el posible encuentro, donde piel a piel comprobaremos que esto no ha sido sólo un sueño vulgar y efímero.

Clemente Alvarado Franco
México D.F.,
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