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Sodoma - Chihuahua

domingo, 13 de mayo de 2012




Y de todo el universo me tocó vivir en Chihuahua, la zona con el mayor numero de crímenes en el mundo entero. Aquí es difícil no creer en la suerte, porque todos los días jugamos a la ruleta con una bala en el barril (Bueno... con muchas balas en los cargadores de armas que van de lo artesanal, hasta las más sofisticadas). Soy un tipo con suerte, porque hoy las balas de la ruleta no fueron para mí, ni para los míos.

Hoy en el semáforo mientras esperaba el verde, levantaron a un pobre tipo que iba en el auto de enseguida. Hoy no llegué al bar de costumbre porque no encontré lugar para estacionar mi auto. Luego me enteré que ejecutaron a veinticinco personas en ese mismo bar al poco rato de que pasé por ahí. Hoy compré la leche en el supermercado, no en el Oxxo de por la casa y por lo mismo me libré de ver como mataban al encargado en un asalto.

Sodoma. Chihuahua. Aquí la vida nos da por el culo diariamente, aquí desaparecen hombres y mujeres todos los días, aquí donde perdí a mi carnalita Suchaca (Susana Chávez) victima de feminicidio. Aquí unos sicarios ejecutaron de cuatrocientos tiros a mi amigo Wilberth Ponce de León por no pagar la cuota. Aquí mismo asesinaron impunemente a Marisela en las puertas del palacio de gobierno y nuestras autoridades nuevamente nos dieron por culo y no detuvieron a nadie, pero se ensañaron con los manifestantes indignados y le dan una tremenda golpiza a mi compita Gero Fong antes de arrestarlo.

La ruleta está girando y afortunadamente todavía no me toca. Hoy la fortuna está conmigo y sobreviví a lo cotidiano. Hoy mis hijos duermen en sus camas y le doy gracias a Dios, pero a veces la noche suena “traca matraca pum pum”…   Mañana me enteraré por las noticias.

Ricardo E. Anzaldúa

Tu silencio...

martes, 1 de mayo de 2012

La intención de rodearte y hablarte de cerca, para que tú sepas lo que no puedo decirte en esas noches que nos amamos, cuando todo camina tan rápido, cuando no tenemos tiempo siquiera apenas para besarnos y en un abrazo largo fundirnos lentamente al amparo de la cómplice noche.

El deseo de decirte te quiero, la emoción de sentirlo adentro, más allá de la piel, por encima de los deseos que todo lo confunden, que todo lo descomponen y todo lo convierten en prisa, en premura, en aspavientos por hacerte mía y hacerlo rápido, para que no se acabe la magia, para que no se vaya el tiempo y me deje sin ti.

La emoción por encontrarte de cerca de día, bajo el sol, por admirar tus ojos viéndome disponible y pendiente de ti, sin pensar a esa hora en otros pendientes que no sean los que cuelgan de tus orejas y te dan ese aire de inocencia que tanto me atrajo de ti.

El abrazo lento de hallarte cercana, atenta, cuando por tus ojos se resbala un brillo hasta tu sonrisa, donde reposan esas palabras que tantas noches has callado…
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