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Retratos

martes, 19 de febrero de 2008


Pasado el primer susto, procuré hacer lo que cualquiera cuando se halla entre desconocidos, escoger. Establecer, cuanto antes, simpatías y antipatías. No tardé mucho en ese empeño porque me di cuenta que quienes me caían bien estaban muy distantes los unos de los otros. También me di cuenta de que amaba la obra, o parte de la obra, de no poco de ellos. ¿Qué relación guarda la foto de un escritor con lo que ha escrito? Sería preferible poner en los marcos una hoja trabajada, con tachaduras y titubeos, comentarios al margen, notas en lápiz sobre las finanzas de la semana o los encargos a realizar aquella misma tarde. ¿Qué relación encontraría una grafólogo entre la letra manuscrita y las fotos? ¿Sería la página manuscrita el equivalente a un autorretrato? Para quien supiera leer, por supuesto. Mi estado de ánimo se mudó de rechazo a tristeza. A resignado parentesco. A familiaridad heredada.


Museo marino
Roberto Ransom
México, 2004
Ichicult. Pág. 43

Yo no lo sé de cierto

lunes, 11 de febrero de 2008

Yo no lo sé de cierto,
pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio.
Como se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos:
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto, pero lo supongo.)

Recogiendo poemas
Jaime Sabines
Telmex, 2007
Pág. 16

Besos y cerezas

sábado, 2 de febrero de 2008


Besé tus labios donde guardas loca
el enigma sutil con que embelesas,
y gusté en el almíbar de tu boca
el sangriento dulzor de las cerezas.

Besé tus senos como dos pichones
vibrantes de emoción a mis ternezas,
y en el milagro de sus dos pezones
reventaron sangrientas dos cerezas.

Luego besé tu cuerpo inmaculado,
y en el ardor de lúbricas caricias
te rendiste confiada en mis promesas.

Y rodó febrilmente por el prado,
al desflorar tus púdicas primicias,
un reguero sangriento de cerezas...


Poemas de amor. Ant.
Aurelio Caballero Acosta
Editores Mexicanos Unidos, 2001
Pág. 14

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