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Frenesí

lunes, 12 de agosto de 2013



Era como un frenesí, que me entraba por el oído derecho y hacía nido justo ahí abajito donde ya dejaba de ser yo si temblaba. Cada vez que me llamaba cabrona y me echaba esas miraditas como de “aquí te vas a morir”, era una urgencia decirle “mátame ya”, y entonces apagar la alarma y soltar maletín y miedos, descoser las amarras y dejarse caer, lo más hondo, lo más oscuro, más allá.

De semana en semana y hasta meses enteros si la cuenta estaba en rojos, las miradas y las palabras se encontraban, y aún así aquello era más que una simple sumisión, como un falso trámite cuando se sabe que ya todo está perdido.

Apenas lo escuchaba y entonces ya era suya, convertía ese momento en mi “para toda la vida” aunque afuera las calles eran un caos. 

Y yo que nunca he esperado ni contratos ni calendarios, un solo instante en sus brazos y ya, el cielo se nubla y los truenos caen al mismo tiempo, mientras un rayo me surca de cabeza a pies, como lámina de mil hojas que me parte el cuerpo a la mitad, y un grito se regala poderoso a la tierra entera, en el julio más ardiente, bajo la noche que se llena de estrellitas y suspiros de sal, mientras tu voz se va perdiendo "cabrona, cabrona, cabrona…"



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