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misiva al mar

sábado, 2 de mayo de 2009

querido Marcelo:
tanto tiempo para decir nada, para sentir menos y para querer más; no te había escrito antes, lo sé, pero las palabras no se forzan, solitas salen y con mayor razón si se sienten motivadas por la guitarra de Silvio Rodríguez; así que fue esta noche y ahí voy... reencontrarte fue muy bueno y saberte ahí mucho más, que me recordaras fue increíble y recordarte imaginar otra vez, pero que me hablaras fue como no lo había sentido antes, como ya no recordaba que había sucedido más de una vez, porque ya el corazón no palpitaba de manera anormal, ya no era la loca queriendo salir corriendo de tanta emoción, por no saber qué decir o cómo hacerlo, más bien fue una emoción distinta, no menos grande, no menos placentera, pero sí diferente, qué quieres, así son las cosas cuando la distancia y el tiempo se enciman para entorpecerlo todo
pero no es que no sienta nada, al contrario, es que ahora el sentimiento se ha reposado, como el vino cuando lo dejas en la mesa listo para beber, todo en calma y ya puedo decir la alegría de saberte del otro lado del teléfono a miles de kilómetros de distancia, pensando en mí y diciendo mi nombre, y siendo ahí un poquito por mí, un poquito para mí a pesar de todo

es la nostalgia tal vez de aquellos tiempos, de aquellas cosas que sucedían y que ahora por más que queramos no tienen réplica ni para pelear, pero uno lo entiende y se conforma y se alegra, de verdad que sí, con lo poquito, aunque grande, que ahora pueda ser: un mensaje, un saludo, un besote, un reclamo, una llamada, algo pequeño, pero de gran valía. Para saber que sigues ahí, que seguimos ahí, con menos de aquello, con más de ahora, como sea, cuánto sea, pero qué felicidad tenerlo, qué alegría escucharte, qué poder tiene la voz de alguien querido para dejarnos temblando así, pensando así, sintiéndose así...
mi Marcelo, mi Mar, mi chileno tan lejano y a la vez tan cerquita, que casi puedo escucharte ahora mismo como aquella primera vez ...
quién sabe que sea, y por qué ya no sea igual, pero lo que es ES y qué bueno que sea, qué bueno sentirte, escucharte y quedar así, con la pìel chinita
p.d. te abrazo y te beso, no importa si tiene que ser con cubrebocas
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4 comentarios:

  1. EL MAR DEVUELVE LO QUE NO MUERE.
    Aquello que inventaron los hombres, el tiempo, siendo un simple concepto se apodera de nuestra vida toda: “Es que no he tenido tiempo”. “El tiempo se pasa volando”. “El tiempo…” Pero, ¿este concepto tiene que ver con el amor? No. El amor, ése sentimiento que va más allá de la cordura, cuando se introduce en el cuerpo hasta llegar a mi adn, me deja sin tiempo, lo elimina. No hay antes, ahora ni después. Sólo ES. Y allí está - el amor - a veces calladito, ensimismado, acurrucado en un rincón de mis latidos, esperando… Y a veces se atreve y se asoma en do menor, por una hendidura de mis otros sentimientos con la esperanza de siquiera saber de ti. ¿Cómo, dónde, con quién estarás, me recordarás? Y recorre, recorre y recorre - el amor - muy lento, como fatigado los siete mil kilómetros que me separan de “mi pajarito chihuahuense”. O emerge a veces – el amor - en mis noches insomnes con la fuerza de un huracán golpeando, apartando, desordenando los otros sentimientos y frenético recorre de un golpe, en MI mayor, cada pliegue de tu recuerdo, cada instante de tu cuerpo, cada espacio de tu voz…, y voy y vuelvo por tu loca geografía. Asciendo suaves colinas coronadas por botones en flor, y me miro en tus ojos y me alegro en tu sonrisa y me sacio en el néctar de tus labios y…, de norte a sur.
    El Amor, “mi pajarito”, no sabe de tiempo ni distancias y lo que fue ayer es hoy y seguirá siendo mañana.
    Tu Mar, tu Marcelo. El de siempre.

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  2. EL MAR QUE REGRESA A LA ORILLA

    Florita mia:

    Mar y orilla, juntos siempre. Dejemos un espacio, un lugarcito para sólo nosotros. Tú y yo haciendo desaparecer esos sietemilkilómetros que alguien puede decir que nos separan. ¿Nos separan? ¿Están seguros simples mortales, que nos separan? Nada. Ni el tiempo, ese tonto concepto, ni la distancia significan algo más que sólo palabras vacías chocando contra el placer de sentirnos comunicados, unidos, queridos, deseados...Es la magia de las palabras.

    Recuerdo tu voz por teléfono y es la misma que oía emocionado mucho tiempo atrás. Es una voz de tono delgado y dulce, como flauta traversa. Una voz algo tímida o tal vez contenida por no poder expresar cosas. Pero creo adivinar en su tono una secreta alegría, una cierta entrega, un goce erótico que me contagia.

    Anoche me dormí pensando en ti, con cien preguntas sin respuesta: ¿Será suave, dulce, agresiva..., y sus besos cómo? ¿Cómo su piel, sus manos cómo? Y cómo su cuello, cómo su vientre, cómo...?
    Hablé, platiqué contigo. Te dije cosas, indagué por ti entre las sábanas revueltas y hundí mi cara y mis sueños y mis deseos en tu pelo y en tu cuello y mi boca ansiosa quiso unirse al ansia de la tuya; te susurré al oído palabras no dichas..., de amantes, secretas. Desperté por la mañana abrazando con fuerza tu perfume de mujer.

    Y esas dos cosas que alguien dice que nos separan, tiempo y distancia ¿dónde estaban? Jájá! Simplemente no existían. Éramos sólo tú y yo: ni tiempo ni distancia.
    Ya lo ves, mi pajarito. Es cosa de sentir e imaginar..., y disfrutar.
    Disfrutemos entonces.

    Tu Mar, tu Marcelo, el de siempre.

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  3. Te podría robar cada una de tus palabras y decir que son mias, pues reflejan mi sentir con tanta precisión que casi me olvido de que aquella carta no era mia...
    Sólo una diferencia... veo después, que la tuya es una historia que recién comienza, la mia ya ha terminado.

    Mucha Suerte...

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