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"Por si la luna", un fractal de voces desdobladas

lunes, 10 de febrero de 2014



Por Zindy Rodríguez

Entre la narrativa breve y la minificción existe un umbral invisible. Este umbral lo cruza quien desde un estado exacerbado de conciencia se desdobla y multiplica para ser el poseedor de voces diversas, porque esa es la magia del relato: los sentidos se expanden y por ello somos lectores abiertos a la voz del escritor que será nuestros sentidos, nuestra voz en su conciencia. El escritor surge de una tierra ignota porque pertenece al mundo de la escritura, y desde ese mundo acepta su deber: ser creador de vida, instantánea, fortuita o eterna.

Sería injusto no contar que conozco a Flora Isela desde la escuela primaria. Tendríamos unos siete u ocho años cuando compartimos la banca escolar, los lápices y los sueños. La niñez es "otro" espacio, eso lo sabemos, por eso creo que sus letras me resultan familiares y siempre abiertas a la sorpresa y la delicia. Qué bello es saber lo que caracteriza la escritura no como teoría fácil o inaccesible, sino como aquello que lo hace natural en algunos seres. Lo esencial lo llaman también, un privilegio sin duda.

"Si quiero" / Siempre es difícil empezar. Partir de cero. Atreverse. Cruzar la puerta. Caminar erguida. Aventar los miedos en un ramo. Esconder la angustia bajo el velo y asentir. Siempre el primer 'si quiero' da miedo. Ya los que siguen se dicen con más convicción."

Por si la luna de Flora Chacón no es ficción. Y con ello inicio el deslinde genérico que me mantuvo felizmente ocupada al realizar la lectura del compendio de relatos breves y una adenda poética. Flora agradece con señales directas y veladas las tradiciones narrativas que la anteceden, lo hace desde la modestia del conocimiento secreto de las muchas voces que componen los contextos, su contexto. Por ello los personajes reales o imaginarios aparejan la realidad de golpe, pero sin pasión desbordada. Lo terrible no es deambular por la vida como seres determinados por tradiciones, convencionalismos, horarios, desamores, frustración, engaños, venganza, pasiones, sino que esto no tiene remedio. 

Flora Chacón es punzante y directa al recrear una realidad capaz de llevarnos a las profundidades del alma de forma contundente desde ambientes citadinos o rurales, cerrados como la intimidad, abiertos como parques; bailes, bares, territorios subjetivos, algunos opresivos, íntimos, donde la certeza se desdibuja pero no es para nada trágica. Flora Chacón posee un indiscutible sentido del humor lo que permite que roce el dolor sin amoratarnos. No pretende renunciar a los recursos de las realidades o los paisajes, porque si bien en cierto que no nos ubica forzadamente en una geografía, si hay una referencia a páramos solitarios, dramas sociales o de pareja, feminicidio, soledad desierto que se enfrenta al desgaste norteño que sin ser una dimensión tácita sí es un guiño para el lector atento que comprende de golpe los muchos Méxicos en las miradas desdobladas en edad o género. Habla el niño, la niña, la mujer, el hombre, el vato, la joven, la población flotante, el perdedor, el asesino real o de closet, la ya mérito, tal vez la próxima vez.

"Por si la luna" es un fractal de voces desdobladas y poco complacientes. Sólo en la visión más íntima, Flora Chacón se permite recursos, también estéticos, que desbordan la fantasía o el optimismo. Brevedad, manera excepcional de comunicar lo inmediato del alma y el cuerpo. Ahí radica el poder narrativo, su dimensión de logro por contener los reflejos que intensifican las acciones. Los argumentos son desarrollados con lucidez, realidad dolorosamente clara, kafkiana en ocasiones, que contiene la furia nunca desde la facilidad nimia.

"Pa’ qué bailo... A qué hora llegue a este baile? En qué momento se acabó la música y me encontré sola, con el paso perdido y mis dos pies izquierdos, con la sensación de vacío y las ganas de jamás volver a bailar".

La poesía es otra cosa. "Otros asuntos" los llama Flora y es que sabe que es un escenario despojado de todo elemento decorativo, abierto ante nosotros como terreno fértil, sin ningún carácter forzado, un cuerpo, una segunda voz, los poemas se dicen realmente, se dejan oír, flotan y viven en una oscuridad tenue y brillan sin duda, enamorada, pero con la presencia de una desolada ternura. La poesía de Flora Isela no es estridente, no rebuscada, es directa pero nada frágil, natural como la palabra o los sentimientos. Cuánta libertad hay entonces desde el silencio del mundo. Poesía encarnada y en movimiento para que refleje más claramente seres y acciones, multiplicidad de voces, el auténtico sentido. 

No quiero extenderme más. La enseñanza sobre la brevedad invita a seguir leyendo, a llevar el libro en el bolsillo, cómodo, de lectura ágil, para leer donde sea, si Flora escribe todo el tiempo su lectura puede ser para mucho tiempo en cualquier parte, para muchos públicos sin distingo alguno. 
¡Muchas gracias, Flor! Te seguiremos leyendo.

(Estado de México. 17 de agosto de 2012)

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